La brisa me acaricia la cara, y yo sonrío. Veo en frente de mí al mar. El mar, inacabable, irrompible, guardián de tantas botellas con mensajes secretos, de rescate, de amor… Quién sabe. Camino en bikini hacia el agua, que me salpica invitándome a bañarme. Me paro y dejo que el mar me acaricie los pies, el agua está en su temperatura justa, y decidida, corro hacia un lugar más profundo, y me zambullo. Noto cómo el pelo se me moja, cómo el bikini se me hace un poco más pesado, reteniendo el agua. Sigo nadando un poco más, más allá en este mar que no tiene final. Podría dar la vuelta al mundo y nunca acabar.
Yo, encerrada en mis pensamientos, y el mar, intentando marearme con la marea. Yo y el mar, únicos. Yo y el mar, inseparables.
Perdida en estos pensamientos, nado hasta la orilla. Mis pies tocan la arena, suave. Salgo del agua, me sacudo un poco, y me dirijo a mi toalla. La toalla me espera calentita, seca, de tacto agradable. Me siento en ella, y observo a la gente pasar. Pasa una chica hippie, con las chancletas en una mano y caminando apresuradamente. Un chico, de un cuerpo muy trabajado, pasa corriendo, en sentido contrario a la hippie. Un anciano, de la mano de su nieto, le enseña los tipos de conchas que hay. Pasa una chica embarazada, acariciando a su barriga. Pasa mucha gente, gente desconocida, quién sabe con qué destino. Siento que el sol me acaricia, me calienta… Me encanta esta sensación… Pero no estoy aquí de vacaciones. Estoy aquí por trabajo. Soy periodista, y estoy a un paso para ser jefa de redacción. Pero este paso tiene un precio muy alto: escribir una redacción sobre la vida. Sí, la vida. Recuerdos me vienen a la cabeza, y uno me hace estremecer:
Yo estaba sentada en mi despacho, muy concentrada esribiendo un artículo que tenía que entregar mañana a primera hora de la mañana cuando mi ayudante me interrumpió.
-Me ha llamado el director, quiere verte. Me ha dicho que tiene dos noticias para ti.- me comunicó ella, en su tono profesional de siempre.
-Vale, de acuerdo. Dile que voy cuando termine el artículo que sale en el periódico de mañana.- le contesté.
-Me dijo que era urgente. Que subieras ahora.
-Vale, ahora voy. ¿Puedes revisar lo que he hecho, a ver si puedes añadir alguna cosa más?- le pregunté mientras recogía mi carpeta, dejando el ordenador encendido, con el Word puesto.
-Tranquila.- me guiñó el ojo.- Suerte.
Subí las escaleras, crucé el pasillo, y entré en una antesala. La crucé muy rápido, y me detuve delante de la puerta del despacho del director. Llamé a la puerta, y oí un ‘’adelante’’. Abrí la puerta, y mis ojos vieron al director, y a un chico que estaba sentado en la silla donde me sentaba yo en las reuniones que solíamos tener.
-Perdona, no sabía que tenía visita. Le espero fuera.- me disculpé, pensando que había interrumpido una reunión, o una conversación entre amigos.
-No, si tú formas parte de esta reunión. Adelante, y siéntate en esta silla libre, para que te explique todo.- obedecí, y escuché, atenta.
-Bueno, éste es Lucas, el chico del que te hablé. ¿Recuerdas ese día que te dije que a lo mejor te ponía un nuevo jefe de redacción?- me preguntó el director.
-Eh… Pero, ¿No me dijiste que al final decidiste ponerme a mí como jefa por mi experiencia, y por mi capacidad de controlar a una plantilla entera?- respondí yo, pues no iba a dejar escapar la oportunidad de ser jefa de redacción.
-Sí, pero ya ves que te ha salido un competidor. Él es muy bueno… y tengo que decir que es tan bueno como tú escribiendo y controlando a los escritores.
Lucas se giró, me miró y me dijo:
-Bueno, tengo que decirte: encantado de conocerte, que así se presenta normalmente la gente.-me dijo Lucas, recordándome que estaba sentada al lado de un desconocido, pero que acababa de convertirse en un competidor, lo cual le convertía en…¿Mi peor enemigo?
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